Donald Trump usó en los últimos días golpes económicos para lograr dos objetivos políticos en Asia: frenar la guerra entre Camboya y Tailandia y acercar a Vladimir Putin a negociar el fin de la guerra en Ucrania.
Las más duras sanciones arancelarias estuvieron dirigidas a la India, por su compra masiva de petróleo ruso, que sostenía económicamente a Moscú en su conflicto ucraniano. Esto habría presionado a Putin a aceptar una reunión en Alaska con Trump para buscar una salida negociada.
Modi, primer ministro de India, lidera un nacionalismo ultraconservador, pero el ataque económico no fue ideológico sino estratégico para forzar un cambio en la postura rusa.
Un cese al fuego en el sudeste asiático
Trump también amenazó con aranceles paralizantes a Tailandia y Camboya, que se enfrentaban en una guerra regional con pérdidas de decenas de soldados. La presión económica logró que suspendieran ese conflicto, aunque el problema histórico de la disputa fronteriza sigue abierto.
Hun Manet, primer ministro camboyano, agradeció a Trump proponiéndolo para el Nobel de la Paz, un reconocimiento que el magnate persigue seriamente.
Una crítica fuerte a Brasil
Por otro lado, Trump aplicó un arancel del 50% a Brasil en represalia por el procesamiento del ex presidente Bolsonaro, una medida que se ve como una intervención directa en los asuntos internos brasileños y que puede tensar aún más las relaciones entre ambos países.