El II Congreso Latinoamericano de Evolución se realizó en Tucumán del 27 al 29 de julio, reuniendo a investigadores de toda la región para compartir avances en biología evolutiva. La doctora Gabriela Fontanarrosa, investigadora adjunta de CONICET y coordinadora del evento, explicó la importancia de este congreso como plataforma para fortalecer la comunidad científica latinoamericana.

Un congreso para la ciencia regional

Fontanarrosa destacó que el congreso permitió visibilizar trabajos de frontera sobre genética de poblaciones, biogeografía, macroevolución, paleontología y biología teórica, muchos de ellos realizados por jóvenes investigadores. “Fue una oportunidad para construir una agenda regional con una perspectiva propia, distinta al norte global”, dijo.

El evento contó con el apoyo y coordinación de diversas instituciones, encabezadas por la Sociedad Argentina de Biología Evolutiva (SABE) como anfitriona. Se logró financiar becas para asistencia, apoyo a tareas de cuidado y movilidad para investigadores de varios países, un esfuerzo colectivo del que Fontanarrosa se mostró orgullosa.

Avances y redes de colaboración

Más de 220 trabajos presentados evidenciaron la expansión y consolidación de la comunidad de biólogos evolutivos en Latinoamérica. La investigadora anticipó que el próximo congreso será en Brasil en 2028 y esperan que supere esta convocatoria.

Además, surgieron nuevas redes multilaterales entre grupos de investigación, con proyectos colaborativos, intercambios y co-direcciones de tesis en discusión. La sesión de posters contó con 110 trabajos y fue valorada como una instancia clave para que los jóvenes investigadores compartan sus avances y formen conexiones.

Se entregaron premios y menciones para reconocer la calidad y dedicación de estudiantes y científicos que participaron tanto con exposiciones orales como posters.